Ya está ahí, en las puertas cuadriculadas del calendario, el seis de junio de dos mil seis. El fatídico 06.06.06 que hace temblar a tantos crédulos ante la inminencia profética de la hora de Amagedón, o de la batalla final entre las fuerzas del Bien, fieles al mensaje evangélico de Jesús, y los hijos el Mal, adoradores de Satán. Proliferan en la red elucubraciones sobre lo que pueda acaecer ese día e interpretaciones de uno u otro signo acerca del cabalístico 666 del Apocalipsis de San Juan, o Juan a secas, una diferenciación a la me referiré en su momento. Conviene recordar a este propósito que ya hubo otros dos 06.06.06 en lo que llevamos de Era Cristiana, sin olvidar que el 666 pudo registrarse en calendarios de otras religiones anteriores o posteriores a Cristo. Me refiero a los siglos I y XI. El año 6 del siglo I se encuadra en el proceso de descomposición de Bizancio. Y el año 6 del siglo XI en el de acabamiento del Califato de Córdoba. Y ambos en prolongados periodos de tiempo, los cuales implicaron, a la `postre, un cambio de ciclo histórico que en uno u otro caso tuvieron un trasfondo religioso.

Es inocultable que también ahora asistimos a un abrupto proceso de agotamiento del ciclo histórico nacido bajo la insignia ideológica del racionalismo relativista y materialista, amén de una consecuente y radical enemiga hacia el sentimiento religioso de los pueblos, en particular el cristianismo. Y de manera harto más agresiva contra la Iglesia Católica. A estas alturas difícilmente puede negarse que su más denodado brazo ejecutor fue la Orden de los Iluminados, a través de sus dos brazos operativos: el capitalista y el socialista, cuya dimensión satánica comparece en documentos de quienes los lideraron a lo largo del tiempo. Esa batalla alcanza en la actualidad dimensiones extremas, una vez que la mayoría de regímenes y gobiernos, entre ellos el nuestro, son deudos de lo que, en pos de las acuñaciones tópicas, podemos denominar globalización iluminista. La todavía en la nevera Constitución europea de Giscard d´Estaing responde a tales supuestos ideológicos, seguidos devotamente por Rodríguez en España.

EL APOCALIPSIS Y EL NÚMERO DE LA BESTIA
EXISTE una abundadísima y contradictoria bibliografía acerca del Apocalipsis y del 666, número de la Bestia. De ella me interesa sobre todo la de estudiosos católicos. Pero excede de mi propósito una explicación cumplida. Quien esté interesado puede encontrarla, por ejemplo, en Catholic.net.

Dejo a un lado la cuestión de si el Apocalipsis lo escribió San Juan Evangelista o un discípulo, también llamado Juan, bajo la influencia de un género que adquirió gran predicamento en la cultura hebrea, como puede comprobarse en pasajes de Isaac, Ezequiel, Zacarías o Daniel. Pero es a Ezequiel y Daniel a los que se debe regresar para un mejor entendimiento del contenido de los símbolos y de la significación de los números con los que se identifican las letras del alfabeto hebreo. El 3 alude a la perfección, el 7 a la plenitud y el 6 (7-1) a la imperfección. 666 indicaría, por mor de la reiteración, la imperfección absoluta. La esencia misma del Mal. De ahí la identificación con Satán, Mal absoluto, frente a la suprema perfección, 333, que encarna Jesús, Hijo de Dios, Uno y Trino.

La lectura atenta del Apocalipsis enseña que la Bestia no es una encarnación personal (el niño Damián en que, según la leyenda, se encarnaría Satán) sino un poder colectivo dominante en periodos históricos concretos que persigue a los creyentes en el Dios verdadero y a cuyo mensaje adecua los comportamientos. Egipto para los hebreos, al igual que el Imperio Romano, cuya persecución sufrieron los primitivos cristianos. Y más tarde el islamismo, sobre cuya derrota y descomposición creció como realidad religiosa, política y cultural el ser de Europa.

EL ILUMINISMO COMO ENCARNACIÓN DEL 666
LA aparición del racionalismo relativista y materialista, a cuya expansión ha contribuido de manera decisiva el iluminismo, asumiría el valor simbólico del 666, o del ciclo histórico de la total imperfección, caracterizado por la subordinación del hombre a los bienes materiales y un pugnaz empeño laicista para apartarlo de la fe en Dios, de la práctica religiosa y de su cohesión como pueblo. En esas estamos ahora, al tiempo que de nuevo irrumpe en escena el fundamentalismo islámico. En la lucha entre el Bien y el Mal, entre el 333 y el 666.

Nada de insólito encierra a este respecto que al empecinamiento laicista de Rodríguez y compaña, mero seguidismo iluminista, se añadan la llamada Alianza de Civilizaciones, el favorecimiento descarado de la inmigración islámica, la identificación con el socialismo indigenista en Iberoamérica, la subordinación a Francia, los enjuagues secretos con Marruecos, el retorno virtual a la II y III Repúblicas, el rompimiento de España en naciones taifales o el sistemático desfondamiento de nuestras más válidas raíces históricas y culturales. Desde esta perspectiva adquiere una más trascendente dimensión que la ocasional de política interna y exterior, la soterrada conspiración internacionalista montada sobre la matanza del 11 de marzo de 2004.

Signos y símbolos contienen siempre una expresión críptica de filiación, unas veces perceptible y otras enmascarada. No podía el iluminismo escapar a este ancestral fenómeno. Ni es casual que todos los países en que el iluminismo capitalista o socialista se ha aposentado o los procesos revolucionarios que ha promovido, aparezca con harta frecuencia como símbolo la estrella de cinco puntas, sea en rojo, azul, blanco (los tres colores simbólicos de la masonería), amarillo (por lo general cuando la bandera es la roja) o verde (en no pocos casos acompañado de la Media Luna). No he encontrado antecedentes en la España cristiana de la estrella de cinco puntas, salvo en unas monedas acuñadas en tiempos de Alfonso VIII. Estrella que, sin tradición alguna que lo justificara, incorporó Leguina a la inventada bandera de la taifa madrileña. Pero los signos y símbolos de la Orden de los Iluminados, además de variados, aunque con significado coincidente, expresan también la vinculación de las ramas con el tronco. Resulta asaz ilustrativa al respeto la antología de los mismos que el lector curioso puede encontrar en la siguiente clave de Internet:

CADA CICLO DE CIVILIZACIÓN HA TENIDO SU FIN DEL MUNDO
SON frecuentes en la red especulaciones acerca del 06.06.06 y de lo que puede ocurrir ese día. Unas alarmistas en un extremo y otras burlescas en el otro. Para algunas de estas especulaciones el fin del mundo está la vuelta de la esquina. ¿Pero en un solo día? Conviene discernir ante todo lo que en cada tiempo histórico se entienda como mundo. Se alude con frecuencia al mundo asirio, al mundo egipcio, al mundo griego, al mundo romano, al mundo hispánico y a otros mundos de pareja entidad histórica. Cada civilización y el imperio que la sostiene son un mundo en sí mismos. Mundos todos ellos a los que llega el fin. Su hundimiento significa para ellos el fin del mundo. De su mundo. Hay asimismo otros mundos sin fronteras, los religiosos, que configuran una entidad cultural indistinta y cuyo calado espiritual les permite sobrevolar la caída de los imperios. Atraviesan crisis, pero renacen. Y lo hacen precisamente, como sucede con el cristianismo, desde los fosos de la persecución. También pueden emerger con voluntad de dominio e imposición, como en el caso, hoy tan vivo, del islamismo integrador que persigue recomponer, e incluso ampliar, su antiguo imperio. Pero hay otra religión, la del mal absoluto, la del 666, que quiere someter a su servidumbre todos los pueblos de la Tierra. En cualesquiera de los casos se requiere un largo proceso, según alertaba el historiador liberalista Jules Michelet en su análisis de las evoluciones lentas y de las colectividades. Tesis que habría de revisarse a tenor del fenómeno cada vez más acusado de aceleración de la historia.

Cuando observamos la duración de cada ciclo de civilización, desde la antigüedad a hoy, se observa de inmediato que se acortan los tiempos entre su eclosión y su final. Los balbuceos del actual pueden situarse en el siglo XVIII. Tras la fugacidad en términos históricos de los imperios británico y francés, asumieron los Estados Unidos de Norteamérica la dirección imperial del mundo en clave de liberalismo relativista, la cual alcanzó su plenitud de dominio tras la voladura interna de la Unión Soviética, la rama socialista del tronco racionalista. Pero los fenómenos sociopolíticos no pueden escapar al imperativo del orden universal, cuyo equilibrio exige la existencia de dos fuerzas contrarias para que el sistema no caiga en el caos. Es consecuente que a cada imperio, una vez consolidado, le surjan necesariamente sarpullidos con afán sustitutorio que signan el comienzo de su decadencia. No se trata necesariamente de instancias imperiales que surgen de la nada. Acaso fuera más apropiado decir que resurgen de sus cenizas colonizadas. O lo intentan, acomodándose o no a los criterios ideológicos dominantes. Hoy son cuatro: China, mitad comunista y mitad capitalista, amén de reencarnación de Confucio en Mao y con creciente quintacolumnismo en todo el mundo llamado occidental; la India, con una absorción deslumbrante de la más moderna tecnología y una demografía explosiva; Rusia, que con Putin retorna a sus raíces religiosas de la Iglesia Ortodoxa y se dispone a revitalizar su potencial económico y militar; y el fundamentalismo islámico, cuya eclosión expansiva encabeza Irán, y no por causalidad.

PREMONICIONES SOBRE LA GUERRA NUCLEAR QUE ASOLARA EL MUNDO
EL fin del mundo, de lo que consideramos nuestro mundo, lo sitúan los más agoreros como consecuencia de una guerra nuclear a la que no podrían hurtarse ninguna de las naciones, posean o no armas atómicas. La correspondencia mantenida en las postrimerías del siglo XIX entre los iluministas Mazzini, fundador de la Alianza Republicana Universal, y Pike, exgeneral sudista, preveía una tercera guerra mundial que estallaría en el Oriente Medio entre Israel y los pueblos árabes, obligaría a todas las naciones a tomar partido por unos u otros, acarrearía una tremenda destrucción en todo el orbe y sobre cuyas ruinas se alzaría definitivamente el imperio de Lucifer. ¿Diseñaban Manzini y Pike una estrategia de largo alcance, posteriormente desarrollada de manera sistemática por los centros de poder del iluminismo? Hay respuestas para todos los gustos. Y no faltan quienes identifican aquellas previsiones con el actual reto atómico iraní y la probable respuesta de Israel y los USA con cabezas atómicas para destruir las centrales nucleares iraníes antes de que Teherán disponga de parejas armas. Incluso la posición de China y Rusia en el debate sobre el desarme nuclear iraní lo refieren algunos a la división anunciada por Mazzini y Pike. Pero es asaz aventurado suponer que la refriega nuclear pueda estallar el ya tan próximo 06.06.06.

¿OTRA VEZ UNA CONMOCIÓN GEOLÓGICA COMO LA DE HACE 24.000 AÑOS?
TAMBIÉN circula por la red una versión apócrifa de la tercera profecía de Fátima que me llega desde Argentina. La que se dice abrumó a Juan Pablo II cuando la conoció de labios de Sor Lucía, y cuyo secreto guardó para, se afirma, no atribular a la Humanidad. No corresponde con la dimensión salvíífica de Jesús ni con la condición de intermediaria de la Virgen María lo que el texto a que me refiero entraña de castigo generalizado, más propio del Yahvé justiciero de la religión mosaica. Y pienso, asimismo, que si tan terrible e inmediato fuera el destino de la humanidad, Benedicto XVI habría revelado el secreto para que, al menos los creyentes, pusieran su alma en paz con el debido apremio. Pero hay en el texto apócrifo a que aludo, y cuya difusión se atribuye a un padre Agustín que atendió a sor Lucía en sus últimos días, una parte que conduce a otro plano de especulación.

Me refiero al párrafo que anuncia un "movimiento tan violento que moverá la tierra 23 grados que cubrirá la tierra entera y luego regresará a su posición normal", dejando tras de sí una enorme destrucción, a la que sólo una parte de la Humanidad sobrevivirá y dará nacimiento a nuevas especies. Lo cual nos lleva a un espacio ajeno a lo religioso: las elucubraciones más o menos científicas relativas a un desplazamiento del eje magnético de la Tierra, análogo al que se presume aconteció hace unos 24.000 años y que, entre otros efectos geológicos, produjo la desaparición de la mítica Atlántida.

Sobre éste tema me ilustró ampliamente mi gran amigo Urbano Esteban, un inteligente abogado aragonés, afincado en Barcelona, al que conocí cuando ambos colaborábamos en la revista "PRI", dirigida por Eliseo Bayo, y financiada, según supe luego de su desaparición, por Jorge Pujol en su lucha contra los socialistas, con los que CiU se alía ahora. Urbano es un hombre de curiosidad intelectual ilimitada y buen conocedor de las escuelas esotéricas, gracias al cual me adentré en la exploración del pensamiento de Guenon y de Ebola y, en general, del agnosticismo y el gnosticismo. Me explicó que según algunos científicos, cuyos nombres están sepultados en mi memoria y no logro exhumar, se registró hace 24.000 años una gran conmoción geológica que arrasó en torno a las dos terceras partes de la vida existente en la Tierra. Y que cada 6.000 años aproximadamente se producen réplicas de menor entidad, la cuales ocasionan grandes daños. Según estas teorías, cabría prever un nuevo cataclismo entre los años 2006 y 2012. Quienes sostienen tales hipótesis las avalan con el actual desplazamiento comprobado del eje magnético de la Tierra a razón de unos 45 kilómetros anuales, al que se deberían realmente las alteraciones conocidas comúnmente como "cambio climático". No parece, sin embargo, que estemos todavía cerca de que ese desplazamiento alcance su punto crítico de conmoción similar al supuesto de hace veinticuatro milenios. Lo que elude las agoreras premoniciones relativas al 06.06.06.

TAMBIEN ESPAÑA SE DESCOMPONE BAJO EL SIGNO DEL 666
ES evidente, en cualquier caso, que la Humanidad se desliza aceleradamente hacia el 666, o imperfección absoluta de la inorganicidad materialista, embebida en una estrategia de alienación perfectamente diseñada desde los centros de decisión que ya Disraeli denominaba el "gran poder oculto". Una estrategia disgregadora que blasona de la "muerte de Dios", persigue atemorizarnos con la promoción de persistentes conflictos y nos conduce a un maniqueo y totalitario colonialismo que aniquila en las sociedades cualquier atisbo de rebeldía y de lucha por libertades auténticas.

La España de hoy responde a esos parámetros de perversión y servidumbre. Abrogado el "Todo por la Patria" que nos hacía libres, se ha instalado el "Todos contra todos". El 666, en su verdadero significado de imperfección absoluta, se ha instalado en la mayoría de los cerebros, sin necesidad de implantarles un chip, como a los perros, aunque todo se andará. Un 666 que Rodríguez lleva impreso en su lábil magín y rige todo lo que se cuece en el Palacio de la Moncloa y aledaños.

Sólo desde el reencuentro en la unidad de la fe (fe en Dios, fe en España, fe en nosotros mismos y en nuestro destino) alcanzaremos a enfrentarnos al 666 para restaurar el 333 de la perfección y de la libertad.